La incomodidad de Trump | Felipe Vergara Maldonado, Analista Político y Director de Postgrados FEN Universidad Andrés Bello | Opinión

La incomodidad de Trump | Felipe Vergara Maldonado, Analista Político y Director de Postgrados FEN Universidad Andrés Bello | Opinión

En plena noche electoral, Donald Trump escribió que su nombre no estaba en la papeleta de las elecciones de medio término y que, de haberlo estado, habría ganado por goleada, frase que junto a su jockey rojo con la palabra veto, dice mucho de lo inesperados que fueron los resultados para el mandatario.

El presidente recorrió el país con mítines casi diarios, pidió a sus seguidores votar como si él estuviera en la papeleta y hasta prometió un “dividendo Trump” de 5.000 dólares para cada adulto ciudadano si los republicanos retenían el Congreso, sin precisar cómo lo financiaría. Es difícil concederle, entonces, el papel de ausente; aunque su nombre no figuraba en el voto, Trump convirtió estos comicios en un plebiscito sobre sí mismo, y el veredicto no le fue favorable. Según las proyecciones, los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, con 228 escaños asegurados y un techo posible de 244, y también el Senado, donde alcanzan 54.

Que el oficialismo pierda terreno a mitad del período es casi una ley de la política estadounidense; que lo pierda en Texas es un golpe al mentón. Allí, James Talarico, pastor presbiteriano y educador, será el primer demócrata en llegar al Senado federal por ese Estado en 38 años, tras derrotar a Ken Paxton, una apuesta personal de Trump y Elon Musk que solo en Texas desembolsó 190 millones de dólares al partido Republicano. Gina Hinojosa, además, desplazó a Greg Abbott, que buscaba un cuarto mandato, y será la primera latina en gobernar Texas. En Kansas, el triunfo de Adam Hamilton rompió una tendencia de casi un siglo.

Para los chilenos y, en general, para Latinoamérica, el dato más esperado es el voto latino. En 2024 fue una de las piezas fundamental del regreso de Trump, pero a juzgar por lo ocurrido en Texas, esta vez se le habría escapado. Las estimaciones preliminares del New York Times sugieren que los hispanos se habrían inclinado en un 69% hacia los demócratas, un alza de 32 puntos respecto de 2024, alza que se repite en casi todos los grupos poblacionales.

El electorado participó activamente de esta elección de medio término, hubo un aumento de votos en relación a la anterior y aunque no hay una sola tesis sí se confirma que cuando se golpea el bolsillo, como muestran la inflación, la gasolina más cara por el conflicto en Irán, los aranceles y una política migratoria cuestionada, la convicción del malestar del votante se refleja en las urnas.

Trump, que no puede aspirar a un tercer mandato, gobernará dos años con un parlamento adverso; con la Cámara en manos demócratas, pudiendo frenar la agenda de la Casa Blanca, abrir investigaciones e impulsar juicios políticos, aunque una destitución exigiría dos tercios del Senado, un umbral difícil de alcanzar. Más incómodo será el control de la Cámara Alta, que permite condicionar la política exterior y bloquear nominaciones en la Corte Suprema. Su disposición a trabajar con la nueva mayoría, expresada a la prensa, sorprende en quien jamás aceptó su derrota de 2020. Habrá que ver cuánto dura cuando lleguen las primeras investigaciones.

A los gobiernos que, como Chile, Argentina y Colombia miran a Washington como referente, esta elección les entrega un factor para analizar. ¿Conviene casarse con una ideología que no está cosechando lo esperado? A la luz de estos resultados preliminares, cuando la propia popularidad muestra una caída relevante, quizás sea aconsejable algo más de cautela.