El estallido social en Magallanes: el recuerdo de los protagonistas | Historia y Memoria
El denominado Estallido Social de octubre de 2019 marcó en forma profunda la memoria de los magallánicos. Los testigos y los protagonistas recuerdan los hechos, sus causas y su impacto en la vida y en las ciudades de la región de Magallanes.
“Cuando la gente comenzó a ver lo que sucedía en Santiago, con el tema del salto a los torniquetes, nosotros fundamentalmente lo presenciamos vía televisión y redes sociales, por ende la manifestación fuerte acá fue a partir del 19 de octubre. Era muy potente ver toda la cantidad de gente que salía en Santiago. En ese sentido, el centralismo cumplió una labor positiva”, relata festivamente.

“Hubo mucha, mucha gente, masivas manifestaciones. Yo te diría que hasta el famoso ‘Acuerdo por la Paz’ estuvieron muy fuertes, y después de eso comenzó a declinar un poco, pero siguieron hasta final de año”, añade José.
La Plaza Muñoz Gamero, frente a la Intendencia, era el punto de encuentro diario donde a eso de las 6 de la tarde la ciudadanía comenzaba a congregarse para una nueva jornada de manifestaciones y marchas. La creación de una Asamblea Constituyente fue también en Punta Arenas una de las demandas que se levantó por esos días, relacionada por supuesto al fin de la Constitución de 1980. Luego, con el avanzar de los días y frente a las violaciones a los Derechos Humanos, se comenzó a instalar igualmente entre los magallánicos la exigencia de justicia y de libertad para quienes empezaban a ser privados de libertad en el contexto de las manifestaciones.
“Yo era una persona que estaba bastante desesperanzada de la población en general porque siempre éramos los mismos los que salíamos a manifestarnos por distintas causas: medioambientales, Derechos Humanos, disidencia sexual, feminismo, profesores, pueblos originarios… Siempre de manera separada, pero siempre eran caras de compañeros y compañeras que se iban repitiendo”, apunta Guaquín para describir aquel escenario de convocatorias anteriores y que tras la revuelta popular de 2019 cambiaría. “Uno esperaba que algún día ocurriera, pero íbamos perdiendo la fé. Qué bueno que sucedió”, plantea hoy.

Las marchas se transformaron en Punta Arenas también en una acción diaria. “Había una sensación de que de alguna manera podíamos acabar con la Constitución de Pinochet; era como alcanzar de alguna manera los sueños que uno tenía en mente. Esa idea como que empezó a circular: hasta dónde vamos a seguir, qué vamos a hacer. Tú veías que los personeros políticos estaban absolutamente desorientados La verdad es que yo estaba muy feliz por lo que estaba sucediendo; también sorprendido”, sostiene Guaquín.
No obstante, agrega que -también por la experiencia de las movilizaciones anteriores- había igualmente cierta prudencia ante lo que podía venir. “De alguna manera, yo todos los días tenía miedo de que la movilización bajara. Yo decía ‘chuta, mañana va a bajar’, y no bajaba”, destaca José, junto con enfatizar que no había necesariamente una conducción del movimiento socio-político que estaba teniendo lugar. “Había una mezcla de gente que estaba en contra de los partidos, pero también mucha que históricamente había estado ligada al Partido Socialista, al Partido Comunista. Era bastante variopinta la participación”, describe, destacando que a pesar de algunas diferencias hubo muestras permanentes de solidaridad al interior de las manifestaciones, principalmente ante los hechos de represión. “Eso fue muy bonito”, dice.
La radicalización de la protesta se manifestó en Magallanes a través del ataque a instalaciones pertenecientes a AFPs, a bancos, a compañías de telefonía. Junto con ello, se llevó a cabo una acción cargada de simbolismo, como fue derribar el busto de José Menéndez, empresario español que en 1874 llegó hasta esa ciudad, pasando a la historia por formar parte en el exterminio del pueblo Selknam. “Eso fue muy potente. Él es el ícono del genocidio de los pueblos originarios. Para muchos fue una gran satisfacción ver ese busto en el suelo”, apunta José respecto a la escultura instalada en 1975, en plena dictadura, en la Plaza de Armas de Punta Arenas.

En cuanto al actuar represivo de Fuerzas Especiales, si bien existió, José apunta que “no podría compararlo con lo que sucedió en Santiago”. No obstante eso, el magallánico es enfático en señalar que de todas formas “acá sí hubo violaciones a los Derechos Humanos”.
En ese sentido, advierte que estas iban desde el hecho de que personas a bordo de un auto «civil» te llevaran “detenido”, pasando por el uso indiscriminado de gases, hasta agresiones con armas por parte de agentes del Estado. “Recuerdo una noche en la población Silva Henríquez, cuando frente a la amenaza de un saqueo al mall que está en ese sector, llegó Fuerzas Especiales con todo, disparando balas de goma; o sea, las balas pasaban cerca, me tocó vivirlo”, narra.
En esa misma línea, Guaquín recuerda que en otra ocasión, en una concentración de los primeros días de estallido en donde participaron muchas familias, con niños incluidos, “Fuerzas Especiales soltó a un perro para que mordiera a las personas”. “Fue muy fuerte. Hubo una condena transversal hacia ese hecho y, por lo que yo recuerdo, ahí comenzaron a bajar un poco la mano”, cuenta.
La presencia de efectivos del Ejército en las calles tras el establecimiento del estado de excepción tuvo también para los magallánicos una triste connotación. “Recuerdo un día en que tenía que pasar muy temprano por el centro, tipo 8 de la mañana, y vi a un militar en plena Plaza de Armas de Punta Arenas. Ver una tanqueta en pleno epicentro de tu ciudad, con un milico arriba, nos hizo acordar del golpe de Estado, porque hay fotografías justamente de la Intendencia sitiada en ese momento por una tanqueta afuera. Para personas que vivieron la dictadura fue de alguna manera una revictimización”, advierte.

“Lo que ocurrió el 18 de octubre es inseparable del Acuerdo por la Paz y de la Convención Constitucional. Para bien o para mal”, plantea José cuando observa críticamente lo ocurrido en nuestro país hace exactamente dos años. “Yo no estuve de acuerdo con el Acuerdo por la Paz, no estuve de acuerdo con el plebiscito de la Convención Constituyente, pero sin embargo considero que a partir de esas cosas pueden resultar situaciones positivas y permitirte alcanzar tus objetivos, quizás de una manera no tan rápida, pero que van claramente para allá”, reflexiona.
Junto con ello, Guaquín enfatiza en que es imprescindible que de la mano del proceso de la creación de una nueva Constitución, “tiene que hacerse justicia, tiene que haber una reparación integral para las personas a quienes fueron violados sus Derechos Humanos a partir del 18 de octubre y tiene que existir libertad para los presos políticos; eso es intransable”.

